León XIV, un mes de pontificado en nombre de la paz

El pasado 8 de mayo, a las 18:07 horas, la fumata blanca de la chimenea de la Capilla Sixtina anunciaba al mundo la elección del 267° Papa en la historia. Una hora después, en su primer discurso, el Pontífice hacía un llamado a la “paz del Cristo Resucitado”. A treinta días de distancia, el tema de la reconciliación aparece entre las prioridades del magisterio de Robert Francis Prevost para una Iglesia que sea “faro” en las noches del mundo.

“La paz del Cristo Resucitado, desarmada y desarmante, humilde y perseverante”

“¡Nunca más la guerra!”

En los treinta días siguientes, esa misma invocación fue reiterada una y otra vez, porque en casi todos los discursos públicos el Papa Prevost no dejó de repetirla. Con firmeza, el domingo 11 de mayo se dirigió a los poderosos del mundo para subrayar, en su primer Regina Caeli, “¡Nunca más la guerra!”.

Y con igual firmeza pidió que, en los territorios heridos por conflictos y violencias, principalmente Ucrania y la Franja de Gaza, la paz sea “justa y duradera”.

Desarmar las palabras para desarmar la Tierra

La reconciliación invocada “con el corazón en la mano” por León XIV es aquella que tiene “dignidad” y que se basa en el encuentro, el diálogo y la negociación; aquella que deja atrás las disputas, erradicando toda voluntad de conquista; aquella que construye puentes dando la palabra a todos, incluso a los pobres, jóvenes y marginados. Es la paz que se alcanza con un alto el fuego no solo de las armas, sino también de las palabras: “Desarmemos las palabras para desarmar la Tierra – dijo el Pontífice – exhortando a decir no a la “guerra de las palabras y las imágenes”, para crear “espacios de diálogo y confrontación” mediante una comunicación “no muscular, sino capaz de escuchar”.

La unidad de los cristianos, promesa de paz verdadera y duradera

Este objetivo – recuerda el Papa – no solo concierne a los católicos, sino que representa un compromiso común tanto interreligioso como ecuménico, una responsabilidad libre de condicionamientos políticos e ideológicos. En un mundo azotado por la guerra, la unidad de los cristianos tiene un papel vital porque permite avanzar en la promesa de una paz verdadera y duradera, sanar las heridas del pasado y “construir un nuevo futuro a través del valor de amar”.

La no violencia como método y estilo

Lo que León XIV hace, en esencia, es exhortar a la “no violencia como método y como estilo” que caracterice cada decisión, cada relación y cada acción. Sólo así – explica – se construye un “nosotros” capaz de traducirse a nivel institucional y solo así se puede estar “presente en la historia como levadura de unidad, comunión y fraternidad”.

“En el único Cristo somos uno”

Junto al fuerte tema de la paz, desde el primer mes del pontificado de Robert Francis Prevost, primer Papa agustiniano en la historia, surge también una imagen clara de la Iglesia que propone: la Iglesia de la unidad, ante todo, como se deduce del lema pontificio “In Illo unum – En el único Cristo somos uno”: Una cita de la Exposición sobre el Salmo 127 de San Agustín, para explicar que “aunque nosotros los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno”.

La Iglesia debe ser levadura de concordia y faro del mundo

Una Iglesia fundada en el amor de Dios, “signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado”, es la que anhela León XIV; una Iglesia “misionera, que abra los brazos al mundo, que anuncie la Palabra, que se deje inquietar por la historia y que se convierta en levadura de concordia para la humanidad”.

Además, una Iglesia que sea “cada vez más ciudad puesta sobre el monte, arca de salvación que navega a través de las olas de la historia, faro que ilumina las noches del mundo”, iluminada a su vez por la belleza de sus tres dimensiones: el compromiso de conversión, el entusiasmo de la misión y el calor de la misericordia.

Superar los límites para compartir la belleza del Evangelio

Una Iglesia conscientemente unida y que se perciba como “miembro del Cuerpo de Cristo” – subraya el obispo de Roma – es aquella que se abre naturalmente a la universalidad de su misión evangelizadora, superando los límites de parroquias, diócesis y naciones para “compartir con cada lugar y pueblo la sublimidad del conocimiento de Jesucristo”. Porque amor y unidad son las dos dimensiones de la misión confiada a Pedro por Jesús.

La familia es signo de paz y de futuro

La unidad de la Iglesia-familia de Dios también es la unidad de las familias-Iglesia doméstica: León XIV lo reafirma, haciendo referencia a esa “unión universal” que es “signo de paz” y de “futuro para los pueblos”. Porque el mundo actual necesita de la alianza conyugal para “conocer y acoger el amor de Dios y superar, con su fuerza que unifica y reconcilia, las fuerzas que desintegran las relaciones y las sociedades”.

La gracia sacramental del matrimonio debe ser testimoniada, exhorta el Papa, porque la vida cristiana es “la maravillosa experiencia del encuentro con Jesús”, no “un conjunto de preceptos a respetar” ni “una religión moralista, pesada, poco atractiva y, en ciertos aspectos, irrealizable en la concreción cotidiana”.

La compasión, cuestión de humanidad

Por último, pero no menos importante, está el tema de la compasión: desde el 8 de mayo hasta hoy, León XIV ha destacado que “antes que una cuestión religiosa, la compasión es una cuestión de humanidad” y ha recordado que “antes de ser creyentes, estamos llamados a ser humanos”. Por ello, “la compasión se expresa a través de gestos concretos”, acercándose al prójimo. Si se quiere ayudar a alguien, dijo el Papa, “no se puede pensar en mantenerse a distancia; hay que involucrarse, ensuciarse, quizás contaminarse… porque el otro no es un paquete para entregar, sino alguien por quien cuidarse”. La compasión se aprende del corazón de Jesús, explicó León XIV, y también con ella se construye la paz.

Fuente: Vatican News

“Pan de vida, alimentá nuestra esperanza”

Festividad de Corpus Christi 2025

Por Rocío Taís Piedrabuena | Pastoral Juvenil

El pasado Sábado 21 de Junio el decanato de Ituzaingó abrió sus puertas a toda la diócesis de Morón para celebrar juntos la festividad de Corpus Christi.

Bajo el lema “Pan de vida, alimentá nuestra esperanza”, alrededor de mil fieles se reunieron para contemplar el misterio de Jesús Eucaristía.  La celebración, realizada en el Polideportivo Gorki Grana, fue presidida por el actual administrador apostólico Mons. Jorge Vázquez, junto con la compañía de sacerdotes, diáconos y seminaristas representantes de los distintos decanatos. En la misma, se hizo entrega del Documento Final del primer Sínodo Diocesano. 

Como Comunidad Parroquial de la Catedral de Morón, participaron casi cincuenta personas de distintas agrupaciones, en compañía del P. Martín Bernal y del P. Juan Herrera. En estos eventos tan convocantes y significativos, hace huella en el corazón la verdad del sínodo: caminar juntos más allá de las diferencias, de las edades y de los carismas. 

En la procesión eucarística hacia la parroquia San Judas Tadeo, se vivió una auténtica fiesta de la fe. Banderas, estandartes, palmas, canciones y compartir llenaron las calles de Ituzaingó. Los más chicos, recordando sus encuentros de catequesis infantil, cantaban con entusiasmo “¡Jesucristo está pasando por aquí!” al lado del Santísimo Sacramento. ¡Cómo llena de esperanza escuchar a los que anuncian la buena noticia!

Toda la comunidad parroquial guardará en el corazón este último compartir con Mons. Jorge Vázquez, que se despedía recordándonos: 

Llevemos al Dios de la esperanza a donde vayamos, amando y sirviendo. Ahí, se define nuestra vida. Hagámoslo con gozo, con pasión como nos marca el Papa Francisco en Evangelii Gaudium. 

Particularmente, agradezco la misión que Dios me encomendó en esta Diócesis y con gozo les deseo seguir caminando juntos en esperanza y llevando la Buena Nueva a cada hermano.

Que el Señor nos llene el corazón de alegría. 

Que Nuestra Señora del Buen Viaje guíe y bendiga el caminar de cada uno.

Mons. Jorge Vázquez, Administrador Apostólico de la Diócesis de Morón.

Desde la Pastoral Juvenil de la Catedral de Morón se transmite un agradecimiento profundo por la oportunidad de sentirse Iglesia en Cristo, y recordar que tenemos a un Jesús que reúne, sienta y alimenta con su pan de amor y esperanza. Con la mirada puesta en la alegría del Evangelio, el camino del Sínodo se seguirá construyendo en esta nueva etapa diocesana que comienza.

El papa León XIV nombró un nuevo obispo para la diócesis de Morón

En el día de ayer, miércoles 28 de mayo, Santidad, el papa León XIV aceptó la renuncia de monseñor Jorge Vázquez al gobierno pastoral de la diócesis de Morón y nombró obispo de la misma circunscripción eclesiástica a monseñor Alejandro Pablo Benna, de 65 años, hasta ahora, obispo de Alto Valle del Río Negro.

Hasta la toma de posesión canónica del nuevo obispo monseñor Vázquez, será administrador apostólico de la diócesis.

Monseñor Alejandro Pablo Benna


Nació en Buenos Aires, el 12 de noviembre de 1959; ordenado sacerdote el 14 de noviembre de 1987 por el entonces Card. Juan Carlos Aramburu, arzobispo de Buenos Aires y recibió la ordenación episcopal en la catedral de Buenos Aires, el 23 de diciembre de 2017 por el Card. Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires. 

Como sacerdote, ha desempeñado los siguientes cargos en la arquidiócesis de Buenos Aires: Vicario parroquial de las parroquias Ntra. Sra. de Balvanera, San Ramón Nonato, Ntra. Sra. de la Anunciación y Santa Ana y San Joaquín, director ejecutivo de la Vicaría Episcopal para la Juventud, consejero el Instituto de Pastoral Juvenil Cardenal Eduardo Pironio, miembro de la asociación eclesiástica San Pedro y párroco de Santa Ana y San Joaquín, en Villa del Parque. Desde 2014 hasta 2017, se desempeñó en la diócesis de Lomas de Zamora como párroco de San Francisco de Asís en Llavallol.

En marzo de 2021, el papa Francisco lo nombró administrador apostólico de Alto Valle del Río Negro; y el 9 de julio de 2021, Francisco lo nombró obispo de esa sede episcopal. Tomó posesión como cuarto obispo de Alto Valle del Río Negro el 9 de septiembre de 2021.

En la Conferencia Episcopal Argentina es miembro del Consejo de Asuntos Económicos.

Mons. Alejandro Pablo Benna será el quinto obispo de Morón.

Su lema Episcopal es: Para mí la Vida es Cristo, Flp 1,21.

Agenda de Conciertos | Mayo 2025

Domingo 18 de Mayo | 16,30 hs.

NOVENA MUSICAL 2025 | «Distintas notas, una sola Nación»

Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación

☑️ Obras de Rota, Drangosch, Zorzi y Gianneo

☑️ Director invitado: Sergio Catelani

Domingo 11 de Mayo | 17 hs.

Ciclo de Conciertos Corales 2025 | Adicora GBON

St. Andrew´s Scots School Open Choir. Dir. Nicolás Regueiro

 Coro Estable del Municipio de Hurlingham. Dir. Diego Perez

Agenda de Conciertos | Abril 2025

Sábado 5 de Abril | 20 hs.

Viernes 11 de Abril | 20 hs

“Preparación espiritual y cultural para la Semana Santa”.

CONCIERTO DE ÓRGANO a cargo de la organista Silvia Abiuso que interpretará temas de Bach, Zachow, Böhm, entre otros.

Peña Solidaria en la Virgen del Buen Viaje

Más de 300 personas disfrutaron de una cálida cena comunitaria

Este miércoles 20 de noviembre, en el marco de la jornada de la pobreza instaurada por el Papa Francisco, más de 300 personas en situación de calle participaron de la peña de la Virgen del Buen Viaje, un evento organizado por el equipo de La Posta de la Virgen.

Los voluntarios prepararon una cena especial que incluyó empanadas y chorizos, alimentos que fueron elaborados con esmero y dedicación por quienes conforman el grupo. La jornada no solo estuvo marcada por la generosidad en la comida, sino también por la calidez de la música. Gracias al aporte de músicos amigos de la comunidad, el ambiente se llenó de canciones, y algunos de los asistentes incluso se animaron a bailar, contribuyendo a una atmósfera de alegría y fraternidad.

Este evento es parte de una labor solidaria que lleva 16 años realizando La Posta de la Virgen, un espacio que no se define como comedor, sino como «la cocina de la comunidad», junto a ellos los equipos de Cáritas parroquiales de las comunidades de el decanato de Morón Centro (María Reina, San Pedro, Señor de los Milagros, San Miguel Arcángel, Sofía Barat. Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, Nuestra Señora de Fátima, María Madre de la Iglesia y la Parroquia Catedral) 

Así lo explican sus organizadores: «En La Posta de la Virgen, cada uno de nosotros pone un poquito de hogar para compartir». Este es un lugar donde todos, desde familias hasta personas sin techo, encuentran un espacio de acogida, apoyo y, por sobre todo, compañía.

El trabajo en equipo de los voluntarios es fundamental para que estas cenas y semanales sean una realidad. Desde hace más de una década, todos los martes y miércoles, la comunidad se une para brindar una mano amiga a quienes más lo necesitan, sin importar su condición. Cortando, picando, y poniendo el corazón en cada tarea, los voluntarios se aseguran de que nadie quede fuera.

La peña de este miércoles 20 no solo fue un acto de generosidad, sino también una muestra de la importancia de la colaboración en la lucha contra la pobreza. Además de la cena, el evento convocó a nuevos padrinos, aquellos que pueden comprometerse a realizar un aporte mensual para continuar con la labor solidaria. Como bien mencionan desde La Posta, «Ya sos parte», un recordatorio de que todos tienen algo que ofrecer y que juntos se pueden lograr grandes cosas.

Gracias a la incansable dedicación de los voluntarios y el apoyo de la comunidad, La Posta de la Virgen continúa siendo un faro de esperanza para aquellos que más lo necesitan, un lugar donde la pobreza no se enfrenta solo con comida, sino con un profundo sentido de humanidad y pertenencia.

El idioma de Dios es otro

El 19 de Octubre de 2024 las chicas y los chicos del Centro Educativo y Terapéutico Rukalén celebraron con nosotros sus comuniones y confirmaciones en la Catedral de Morón.

Agenda de Conciertos | Noviembre 2024

Domingo 17 de Noviembre | 16.30 hs.

Infancias Cantarinas | Adicora Gbon

CORO DE NIÑECES MUNICIPAL CIUDAD DE ITUZAINGÓ
El coro de niñeces Ciudad de Ituzaingó, lleva representando al municipio hace 28 años. De
la mano de su director, Alejandro Fernández Cordaro, han participado de innumerables conciertos, destacando por su variado repertorio popular.

CORO DEL COLEGIO SAN FERNANDO DE HURLINGHAM
El coro del Colegio San Fernando fue fundado por el Mtro. Claudio Sanseverino en 1986. Desde 2011 y hasta la actualidad, su directora es la Prof. Silvia Navarro.
La actividad coral convoca a niños entre los 8 y los 11 años, y busca desde esa práctica musicalizar las infancias.
El coro es un espacio donde la voz de cada niño crece en el encuentro con el otro. Y se proyecta a la comunidad en cada concierto y presentación. A lo largo de estos 38 años el coro del Colegio San Fernando ha participado de distintos conciertos y ciclos corales como » Niños Cantores de Hurlingham «, » ECO Encuentro de Coros y Orquestas», » Primaveras musicales» , » Crecer cantando» y » Los niños cantan en La Matanza».

CORO INFANTIL DE LA MUNICIPALIDAD DE HURLINGHAM
Creado en el año 2002 por la Mtra. Adriana Ottone con apoyo de la Secretaria de Cultura de la Municipalidad de Hurlingham, como parte de la estructura coral de dicho municipio para promover además de la expresión artística, la formación profesional como semillero de los coros Juvenil y Estable.
En el año 2007 asume la dirección el Mtro. Pablo Rodríguez, con la subdirección de la Mtra. Yamila Pereyra. En su amplia trayectoria ha participando de numerosos conciertos en CABA y Provincia de Buenos Aires que incluyen la Iglesia Metodista Central, Centro Cultural Leopoldo Marechal, Facultad de Derecho de la UBA, Catedral de Tandil, entre otros. Fue coro invitado durante varios años a la cena gala a beneficio del Hospital de Niños Padre Elizalde (ex Casa Cuna).
En el año 2019 es convocado a participar de la ópera Tosca, de Giacomo Puccini, como parte de OFEBA (Ópera Festival Buenos Aires) con dirección artística de la Mtra. Graciela de Gyldenfeldt, dirección musical de Helge Dorsch, con puesta en escena a cargo de Boris y vestuario de Mariela Daga, presentándose en la Usina del Arte y Teatro Roma.

Coro de niños “Nuestra Señora de Luján”
El Coro de Niños “Nuestra Señora de Luján” fue fundado por su directora, Mónica Lermán, en el año 1998 con el objetivo de brindar a los alumnos del colegio Parroquial Nuestra Señora de Luján de Morón un espacio para el desarrollo artístico en un contexto coral.
Desde su creación ha experimentado un continuo crecimiento, tanto cuantitativa como cualitativamente Se integra cada año como producto de una convocatoria abierta y bajo el lema “todos podemos cantar”.
Actualmente la agrupación está conformada por niños de entre 9 y 12 años, alumnos de la escuela primaria. Contando también con un Coro en Preparación integrado por chicos de entre 6 y 8 años. Ambos coros están enmarcados en el Proyecto Institucional “Escuela de Canto Coral”, que atraviesa a todo el colegio Nuestra Señora de Luján y consiste en diferentes talleres llevados a cabo por la prof. Mónica Lermán, cuyo principal objetivo es difundir la actividad coral , revalorizándola y teniendo en cuenta que a través de ella el niño logra expresarse, a nivel artístico y emocional.

Domingo 10 de Noviembre | 17 hs.

XXXVII Aniversario | Coro Alberto Ginastera

DÍA 9: Novena a Nuestra Señora del Buen Viaje como “Iglesia Posta de Caminantes”

Encuentros para vivir la espiritualidad sinodal por el camino de la hospitalidad

Madre enséñanos a ser un pueblo y una Iglesia hospitalaria y acogedora, a hacer honor a nuestra misión de ser la posta, el descanso, el refugio, el auxilio, el ánimo que anima a los caminantes.
(Mons. Jorge Vázquez, Homilía fiestas patronales 2018)

Propuesta de oración para cada día

Este esquema es solo una propuesta, que puede adaptarse según convenga las circunstancias. La novena tiene distintos temas, que están acompañados por una cita bíblica. Tiene dos momentos, uno personal o comunitario de preparación para meditar el tema, y un segundo momento celebrativo en el templo. La propuesta sería:

Primer momento de preparación

  1. Ponerse en presencia de Dios y Oración inicial a la Virgen del Buen Viaje.
  2. Cita bíblica.
  3. Reflexión y actualización del tema.
  4. Preguntas para ir meditándolo en la propia vida personal y comunitariamente.

Segundo momento celebrativo

  1. Ponerse en la presencia de Dios y Oración a la Virgen del Buen Viaje
  2. Cada día puede tener una intención especial
  3. Acción de gracias por algún fruto de la meditación del día
  4. Se puede seguir con el rezo del rosario, o con Padrenuestro, Avemaría y Gloria
  5. Oración de conclusión a la Virgen del Buen Viaje

Día 9
Discípulos amados para ser “posta” de María “caminante”
Jn. 19, 26-27

En el cuarto evangelio, Juan hospeda a María. “Desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa” (Jn 19, 27b). María, la que hospedó a Jesús en su vientre, ahora es hospedada por mandato de ese mismo hijo. María, posta de Jesús, pasa a tener su posta en Juan. ¿Por qué Jesús, habiendo experimentado lo que es ser hospedado por María no le pidió que hospedara a Juan? Adentrarnos en el sentido del texto nos ayudará a nuestra propia relación con María.
Para entender este encuentro entre María y Juan al pie de la cruz, situemos estos personajes en el cuarto Evangelio. Para ambos, es la segunda vez que aparecen. María lo hará antes en la escena de Caná (Jn 2, 1-11) y Juan en la última cena (Jn 13, 23- 25). En esta escena, Jesús es el protagonista y es la única escena del calvario donde él toma la palabra. Y junto a él estos dos personajes que no se identifican por su nombre sino por su relación con Cristo: “la Madre” y “el discípulo amado”. A partir de Jesús se relacionan entre ellos, es el fundamento del vínculo. Jesús define las relaciones y los sentidos, porque los revela dentro del plan de Dios. Hospedar a una persona es también hospedar el plan de Dios en él. Es el momento en el que las misiones (la de María – la de Juan) se encuentran en la única misión (del Padre).
Jesús se pone en el centro y comienza el ministerio del mirar. La crucifixión concebida como un castigo en público estaba destinada a servir de advertencia general, por lo tanto la cruz era para ser observada. Dios transforma esa lógica humana de poder y violencia, en otra muy distinta, donde la cruz mirada es la expresión de la mayor entrega por amor. Jesús es mirado para que podamos conocer hasta donde pueden llegar las posibilidades del amor. Y como dijo Benedicto XVI, en esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar.
Jesús empieza a hablar al ver a su madre y al discípulo. Si ellos no están cerca, él no puede hablar. La palabra no es anterior al encuentro. La mirada que estaba puesta hacia Jesús, él mismo la dirige hacia los otros. La expresión “ahí tienes…” que dirige a María y luego a Juan es una fórmula de revelación. Jesús enseña a mirar. Les dice: ahí tienes (mirá) a tu hijo… ahí tienes (mirá) a tu madre. Mirá, contemplá, conocé, aprendé a descubrir aspectos que no habías encontrado antes. La mirada sobre el otro tiene que empezar por la escucha del Maestro, para conocer no solo quien es el otro, sino quien es el otro para mí, y quien es el otro para mí dentro del proyecto de Dios.
María, la madre de Jesús, la mujer
Las dos escenas en que aparece la madre de Jesús están estratégicamente puestas en Juan, una al comienzo y otra al final de la vida pública de Jesús. La escena de la cruz hace clara referencia a Caná. Allí, el hecho de que se mencione a la madre de Jesús en el primer versículo y el que ella plantee la cuestión del vino, claramente endereza la atención del lector hacia ella y sus expectativas. En la escena, María está atenta y se da cuenta del problema (falta vino), le habla a Jesús y le dice la novedad, y cuando no encuentra la respuesta que espera de su hijo, se dirige a los sirvientes (“hagan lo que él les diga”). ¿Qué hace Jesús frente a este modo de relación de María? Toma distancia: le dice “mujer” (se distancia poniéndola en si misma), “que tengo que ver yo” (se distancia en los criterios de las obras), “no ha llegado la hora” (se distancia del vínculo de sangre como madre y lo direcciona hacia el plan del Padre). A lo que se apunta es al discipulado, porque ellos vieron la gloria y creyeron en él (2, 11). En Caná le es rechazada a María su modo de intervención en favor de necesidades terrenas. Todavía no era la hora. Ni de Jesús, ni de María. “Hay que nacer de nuevo/de lo alto” decía Jesús a Nicodemo (Jn 3,3). María nació de nuevo y de lo alto… María aprendió…
Cuando llegamos a la escena de la Cruz es la misma madre de Jesús, pero no actúa del mismo modo. Ella sigue estando cerca (19, 25), pero es Jesús quien la ve (19, 26) y le habla: “ahí tienes a tu hijo” (19, 26). María se deja ver y escucha a Jesús. Pero también lo hará con su discípulo y deja que él disponga de ella para cumplir la voluntad de Dios. Es un nuevo fiat: “el discípulo se la llevó a su casa” (19, 27). María tiene autoridad frente a Juan. En primer lugar, por voluntad de Dios. En segundo, y en coherencia con ésta, la autoridad de la vida de fe vivida. La autoridad no le viene por un título (ser la madre de Jesús), sino por ser discípula en su propia vida. Por eso puede ser madre del discípulo.
El discípulo, es el amado.
De todos los discípulos, esa característica define a éste: es el amado. Un discípulo que se distingue por el amor que le ha tenido Jesús. Un discípulo que se sabe amado. La anterior escena donde aparece este personaje es en la última cena, que Jesús comparte con sus discípulos y donde “los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). En ese contexto, “Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba recostado junto a él en la mesa” (Jn 13, 23). Estaba en el seno, que más allá de lo físico, manifiesta la situación de privilegio, afecto, intimidad entre dos personas. Aún es más fuerte si recordamos que es la misma expresión para describir la relación entre el Padre y el Hijo en el prólogo del evangelio (Jn 1,18). El discípulo amado esta junto a Jesús de la misma manera que Jesús esta con respecto al Padre. El modo característico del discipulado de Juan será entonces estar recostado, descansar, sobre el seno de Jesús. Santa Teresita de Lisieux escribió sobre este discípulo en un poema: “descansó su cabeza sobre tu corazón. ¡Señor, en su descanso conoció tu ternura, comprendió sus secretos!”.
Habitualmente encontramos la traducción que el discípulo “la llevó a su casa”, pero literal del griego es un poco distinta: “la llevó a lo suyo” o “a lo más propio”. Entender que la llevó a su casa, puede quedar reducido a algo material de vivienda o mantenimiento de una madre viuda sin hijos. Entender “lo suyo” como una relación que se establece en un espacio de intimidad espiritual también sería insuficiente. Lo propio del discípulo amado es que es el discípulo por excelencia. “Lo suyo” es ese discipulado especial de amado por Jesús. La madre de Jesús pasa a ser madre del discípulo por excelencia. Las ocupaciones de una madre de carne son bien distintas a las de una madre de discípulo porque no le alcanza a éste con reclinarse sobre el seno del Señor para comprenderlo. No es lo mismo relacionarse siendo un hijo de carne, que un hijo discípulo. A partir del momento de la cruz, esa es la actividad de María. Con respecto a Cana, María pasa de ser de la madre de Jesús a la madre del discípulo. El cambio no solo es de personas. Para comprender el Evangelio en su sentido profundo, “no puede entender quien no recline su cabeza sobre el pecho de Jesús y no haya recibido de él a María como a su propia madre” dice Orígenes.
María tiene una experiencia única de vínculo con Jesús, pero buscará en cada uno de sus discípulos la experiencia única de amor que cada uno tiene con él. La unicidad de vínculo no excluye otras experiencias únicas de amor. María es madre de hijos adultos. Ya no dice “¿por qué nos has hecho esto?” (Jn 2,48), sino que está presente acompañando y dejando que sus hijos cumplan los proyectos de Dios. Aun cuando puedan ser dolorosos, aun cuando no los entienda. En la cruz solo contempla y escucha. No hace nada, solo deja hacer a su hijo. En la cruz no hace nada, solo deja hacer a su nuevo hijo.
María le ofrecerá a Juan no tanto hechos o contenidos, sino la metodología del discípulo con la que ella misma vive: “guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 19), “conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón” (Lc. 2, 51). Las “cosas” son mucho más que palabras. Pueden también ser acontecimientos entendidos a la luz de la fe, es decir, inaccesibles si solo quisieran entendérselas desde categorías humanas. María estando en lo más propio de Juan le enseñará a guardar, meditar, conservar la obra de Dios en su vida, en la historia, y así también poder hacerlo en la vida de los demás. María le enseñará a ser discípulo “inclinando el oído de su corazón”, con invita san Benito. No como un simple ejercicio racionalista de ideas y conceptos, sino como un sereno habitar en y desde el corazón. María, madre del discípulo, tendrá su ministerio no tanto en el contar, sino en el enseñar a guardar y meditar, como la mejor herramienta para el crecimiento del discípulo.
Juan le ofrecerá sus experiencias de amor y ternura. Los latidos de Jesús, en esa última cena, cuando Jesús estaba amando hasta el extremo. Sus latidos grabados en los latidos de Juan que se hacen música a su alrededor. Del mismo modo que Juan descansa en el corazón de Jesús que descansa en el corazón del Padre, así continúa dejando que María descanse en su corazón. Juan le ofrece un modelo de hospedar en el que abre su corazón humano, y lo puede hacer, porque está sostenido por un corazón divino más grande que le ha abierto su corazón. La experiencia de ser imagen del Hijo siendo amado amante. Un discipulado en el que la única obra es “permanecer en el amor” (Jn 15, 9-11) que lleve a obras de amor que sean testimonio (3 Jn 1, 6). La “posta” es una comunidad de discípulos que son amados, amantes y en el mutuo hospedarse se enriquecen recíprocamente sin que cada uno tenga que dejar de ser él mismo.

Revisemos nuestra relación con María para hospedarla siendo discípulos amados amantes

  • ¿Cómo es mi relación con María?
  • “Ahí tienes…” Jesús nos revela a nuestros hermanos y nos enseña a mirarlos, ¿recibimos su ministerio del mirar e incorporamos la mirada que tiene de quienes nos rodean? ¿Aprendemos su ministerio? ¿Es Jesús el fundamento que sostiene mis vínculos? ¿Hospedamos el plan de Dios de los otros?
  • Aunque ya tengamos un camino de fe, ¿podemos como María nacer de nuevo y de lo alto al escuchar al Maestro? ¿Escuchamos a los discípulos amados, a los que tienen experiencia de ser amados por Dios? ¿Tenemos autoridad de vida como discípulos?
  • Como Juan, ¿nos sabemos amados y podemos dar testimonio de ese amor? ¿Descansamos en el corazón del Señor? ¿Tenemos un modo cordial de escuchar la revelación? ¿Tenemos discipulado de amado, es decir, de aquel que aprende a dejarse amar por el Señor?
  • ¿Tomamos a María como madre de nuestro discipulado personal? ¿Pedimos a María que nos ayude a comprender la palabra que recibimos del Señor? ¿Nos sentimos acompañados por María en los momentos de cruz? ¿Entendemos sus silencios?
  • ¿Le pedimos a María que nos enseñe el ministerio de guardar y meditar en el corazón la obra de Dios en los acontecimientos de nuestra vida y fe? ¿Aprendemos el ministerio de guardar y meditar para compartirlo con otros? ¿Le ofrecemos a María nuestras expresiones de amor y ternura provocadas por el Señor?

Oración Día 9

DÍA 8: Novena a Nuestra Señora del Buen Viaje como “Iglesia Posta de Caminantes”

Madre enséñanos a ser un pueblo y una Iglesia hospitalaria y acogedora, a hacer honor a nuestra misión de ser la posta, el descanso, el refugio, el auxilio, el ánimo que anima a los caminantes
(Mons. Jorge Vázquez, Homilía fiestas patronales 2018)

Propuesta de oración para cada día

Este esquema es solo una propuesta, que puede adaptarse según convenga las circunstancias. La novena tiene distintos temas, que están acompañados por una cita bíblica. Tiene dos momentos, uno personal o comunitario de preparación para meditar el tema, y un segundo momento celebrativo en el templo. La propuesta sería:

Primer momento de preparación

  1. Ponerse en presencia de Dios y Oración inicial a la Virgen del Buen Viaje.
  2. Cita bíblica.
  3. Reflexión y actualización del tema.
  4. Preguntas para ir meditándolo en la propia vida personal y comunitariamente.

Segundo momento celebrativo

  1. Ponerse en la presencia de Dios y Oración a la Virgen del Buen Viaje
  2. Cada día puede tener una intención especial
  3. Acción de gracias por algún fruto de la meditación del día
  4. Se puede seguir con el rezo del rosario, o con Padrenuestro, Avemaría y Gloria
  5. Oración de conclusión a la Virgen del Buen Viaje

Día 8
La Eucaristía, “posta” en la tierra “de los caminantes” hacia el cielo
Rom. 12, 1-2

En nuestro peregrinar por este mundo hacia la casa del Padre, la celebración de la Eucaristía es la posta donde adelantamos ese encuentro. “En la Liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial, que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos” (SC 8). La misa es el cielo en la tierra, un adelanto de lo que un día será eternamente. La Eucaristía es posta de camino, y también posta de los que estuvieron y se fueron por otros caminos. Si en algún momento han pasado por la misa, y quisieran volver, tienen el recuerdo y la experiencia. “De todas las realidades católicas, no hay ninguna tan familiar como la Misa. Con sus oraciones de siempre, sus cantos y sus gestos, la Misa es como nuestra casa” (Scott Hahn).
De la dispersión de la que se viene, porque cada uno viene de un lugar distinto, se pasa a la reunión. Más que los que buscan a Dios, son los que responden a su llamada. Son los convocados por Dios, y eso es lo que llamamos asamblea. Cuando humanamente no entendemos porque tal o cual se encuentra en una Eucaristía, podemos preguntarle a Dios que fue quien lo convocó. El fundamento que sostiene una asamblea litúrgica no son las capacidades humanas de relación, sino Dios y sólo desde él se puede vivir la comunión. “Cada uno” pasa a ser constituido en un “nosotros”, “los reunidos” pasan a ser “una comunidad”. Nadie celebra solo, siempre se concelebra siendo y sintiéndose parte de esa comunidad.
Quisiéramos asociar el momento del acto penitencial a la hospitalidad de la que venimos profundizando. ¿Qué nos aporta la “posta” del acto penitencial dentro del “camino” hacia la comunión? ¿Cómo podríamos experimentar la “hospitalidad” en este rito?
Como la liturgia es obra de la Trinidad, en ella celebramos. Esa es nuestra casa, en ella entramos. Dios es amor, y al entrar en esa casa de amor, nos damos cuenta de que nosotros no lo somos totalmente. Caer en la cuenta del propio pecado a la luz del amor de Dios puede hacernos pensar en que somos pecado, de que esa es toda nuestra realidad. Que la Iglesia nos invite a pensar en penitencia al comenzar la celebración no es para centrarnos en nosotros mismos, sino en Dios. Considerar nuestro pecado nos ayuda a conocer más profundamente a Dios y su amor. No somos pecado, porque nunca dejamos de ser hijos de Dios. Somos hijos, pecadores. El fin del acto penitencial no es tanto que nos reconozcamos pecadores, sino que sepamos que el Padre nos reconoce hijos, aunque no nos comportemos como tales. Es en ese momento penitencial donde nos damos cuenta que la primera realidad no es el pecado, sino el amor, y de que más allá de nuestras posibilidades, Dios no condiciona su modo de amar. Creemos en un Dios que nos ama y al experimentarlo en el acto penitencial, creemos que es amor. No solo lo sabemos, sino que lo creemos. Viéndolo en el contexto más grande como es el amor de Dios, el acto penitencial nos regala un momento de alegría. Sentirse amado, recibido y aceptado hace que la misa sea una fiesta.
Al acercarnos al sentido del acto penitencial, podemos también considerar la importancia que tiene el tema de vivir en la verdad para poder entrar en comunión. Participar de la misa, de la vida de Dios, no puede hacernos caer en la tentación de pensar solamente en nuestro lado espiritual y esconder el que podríamos considerar no apto para Dios. Somos invitados a que todo lo que somos y todo lo que tenemos se haga presente, quizás como no podríamos hacerlo en ningún otro lado. Somos invitados a celebrar la Eucaristía con todo nuestro ser y no llevar simplemente nuestro lado “piadoso” al encuentro con Dios. En al acto penitencial nadie nos acusa, somos nosotros mismos los que nos acusamos y por eso decimos en la oración: “yo confieso, ante Dios todopoderoso, y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho…”.
La eucaristía no es solo lugar de amor y paz. En ella deben tener lugar todas las realidades humanas para llegar al amor y la paz de la comunión. Sabemos que es parte del mundo los conflictos, las luchas, los rechazos, las heridas que provocamos y nos provocan. El acto penitencial hace presente estas realidades para poder enfrentarlas y nos invita a superarlas en experiencias de amor. “Más allá y por encima de estas difíciles y a veces penosas situaciones, e incluso dentro de ellas, hay lugar para la ternura, actitud que trasciende los conflictos y los humaniza, porque la ternura es suplica y aceptación de perdón… no elimina los conflictos, pero si los humaniza” (Gerard Fourez). Hacer del acto penitencial “posta”, nos invita a asumir todas estas realidades y transformarlas en un amor que nos permita continuar nuestro camino hacia la comunión. Que la Eucaristía sea “posta” en la tierra nos hará conscientes, y deseantes, de seguir caminando definitivamente hacia la casa del Padre.

Revisemos nuestra experiencia eucarística como posta de peregrinación hacia la casa del Padre

  • ¿Qué lugar de importancia tiene la Eucaristía en nuestra vida de fe? ¿Pregustamos el cielo? ¿Lo deseamos? ¿Deseamos llegar a la casa del Padre? ¿Cómo nos preparamos para eso?
  • ¿Es la misa un lugar de reunión que nos ayuda con nuestras dispersiones (ya sean interiores o con los hermanos)? ¿Veo a quienes participan como llamados, convocados por Dios? ¿Puedo pasar del yo al nosotros para celebrar como comunidad?
  • ¿Qué experiencia tenemos del acto penitencial en la misa? ¿Ponemos el amor de Dios en el centro o el centro soy yo y mi pecado?
  • ¿Tenemos confianza de reconocer delante de él nuestro pecado? ¿Es una experiencia que me ayuda a crecer como hijo amado? ¿Ese amor del Padre me produce alegría?
  • ¿Podemos presentarnos delante de Dios con toda nuestra verdad, sin ocultarle nada? ¿Podemos integrar en la celebración los conflictos, las luchas, los rechazos y traiciones para humanizarlos y transformarlos con el amor y la ternura de Dios?

Oración día 8

✕
Catedral de Morón

GRATIS
VER